La Dedicatoria

Publicamos el segundo cuento de una serie de cuentos que estaremos entregando semanalmente.

La Dedicatoria

Por: Mateo Baumag

“Las cosas devienen obsoletas justo cuando nos aferramos a ellas”

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Esa fue la dedicatoria de mi tesis. Me dieron Magna cum Laude y un gran abrazo por parte del rector de la universidad, el director de carrera y mi asesor de tesis.

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Tres hielos en el vaso de mi espíritu.

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Más que alegrarme, justo al concluir la ceremonia, me llamó la atención el enorme vacío que sentía por dentro. Había estudiado la historia del país durante 5 años para no sentirme parte de él. Había conocido gente por 5 años y los consideraba ajenos a mi vida. Tardé 1 año en escribir, corregir y  revisar mi tesis y lo único que me guardaba en el bolsillo, era la dedicatoria. Era ella lo más genuino que escribí y pensé durante toda la carrera y mi asesor de tesis también la había cuestionado. No sé al final para quien escribí la tesis. ¿Para mí? ¿Para las estadísticas de la Universidad? ¿Para el curriculum del asesor? ¿Para mi tío?

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Me tomó 5 años descubrir esta frase que es de la que más me vanaglorio. Creo que ella es mi espejo, mi “alter ego”. Ahí está el resumen de mi vida profesional, de mis aspiraciones como estudiante y como persona. Cuando terminé la carrera, concluí mi vida profesional. Quería dedicarme a vivir y ser feliz, y evitarme entrar a la vorágine de las ataduras sociales, de las anclas ajenas, de las estacas del espíritu.

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Honestamente no quiero escribir muchas hojas sobre lo que ya todos saben que sucedió. Mi intención no es aburrirlos con explicaciones extensas, fastidiosas y eternas. Me gustaría sólo explicarles el por qué de mi dedicatoria. No tardaré mucho, lo prometo.

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Ya estoy muy lejos para regresar.

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Terminé la preparatoria muy emocionado pues al fin estudiaría lo que sólo yo quisiera (o al menos eso siempre nos decían los profesores en clases) Al fin conocería catedráticos interesantes y no soportaría más imposiciones de personas mediocres que tienen los ojos clavados nada más en nuestra cartera. Nada de uniformes, tareas innecesarias, chicas aburridas e insignificantes, en fin, la liberación.

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Mis padres murieron en un accidente cuando yo tenía doce años y aquello siempre marcó mi vida. Debería agradecer a mi tío por todos los cuidados que tuvo conmigo. Nunca me faltó nada material, sin duda. Sólo mis papás.

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No tengo hermanos, ni abuelitos. Sólo a mi tío. Y a él, si bien le agradeceré de por vida su protección, también le reprocharé eternamente el haber manejado el dinero que me tocaba por la muerte de mis padres. Hubo noches en que me sentía muy desconcertado pensando en que se gastaba en mi mucho menos que en mis primos. Eran pensamientos que me traicionaban y que me hacían sentir desolado. Pero entre abstracciones y dudas, estudié, viví y terminé lo que parecía estamos todos destinados a concluir para entrar al mundo: Una carrera profesional.

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Una eterna, innecesaria y circunstancial carrera profesional. A unos les parecerá ignorancia lo que señalo, pero estoy convencido que a muchos, si lo recapacitaran a fondo, les parecería muy lógico lo que digo.

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Estudiar debería ir de la mano de nuestra vocación por cultivarse, de nuestro gozo por contemplar y admirar, no debería ser un requisito, una etiqueta, un sobrenombre.

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No es así, lo sé. ¿A quién le importa lo que piense? Cinco años de estudiar la historia me hicieron más fuerte en mis convicciones, me distanciaron inteligentemente de las excepciones. La Historia nos transforma pero desgraciadamente ya no nos provoca. Cuantos profesores que, en aras de parecer auténticos, decoloran a los más grandes y venerados héroes del país. Profesores que, en aras de ser genuinos, atenúan la importancia del pasado en el presente. Profesores que, en aras de ser legítimos, mitigan en los alumnos las ambiciones de innovación, de cambio. Profesores que, en aras de…

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Pensé que entrar a la Universidad me evitaría sentir lo que sentí durante años en la primaria, secundaria y preparatoria. Pero curiosamente ahí también fui número, banca, peón, detractor, flojo, olvidadizo, intelectual, ateo, religioso, investigador (de verdades analgésicas) dipsómano declarado y niño de nuevo.

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Es mucha la historia de nuestro país. Muchas las verdades, las preguntas, las dudas. Se debe ser muy objetivo para no juzgar. El pasado no se juzga, se asume. Y tal vez necesitaba algo más de que apropiarme. Quería producir.

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Nunca hay tiempo de preguntarnos qué queremos, cómo lo queremos, qué sentimos. Al primer brote de conciencia la acallamos con dependencias, con voces ajenas a la propia.

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Y así despertamos, vivimos y dormimos. Así dormimos, soñamos y despertamos. Así morimos, sin darnos cuenta cuándo nos entierran.

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Siempre tuve la certeza de que la historia moderna no tenía mucho que aportar al mundo ya tan convulsionado y predecible. Unos estaban de acuerdo, otros no. Parecía que la historia acontece sólo en traiciones, poder, abusos, impunidad, nepotismo, promesas e inanición nacional como proyecto de Estado.

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No hay mucho que estudiar en los últimos 70 años, y no hay mejor axioma histórica al decir que ésta es cíclica. Desde hace 70 años, la historia se repite. Con matices, colores, epidemias o males que se adecuan a los tiempos.

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Me interesé por Sor Juana: “Haz algo más atractivo como tema de tesis”. Por la Flor y el Canto: “No aporta nada a la crítica histórica que necesitas” Por la influencia Jesuita en el barroco: “¿A quién le interesa la religión estos días?”

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Terminé trabajando la propuesta de mi asesor: “La……. en…… por…..” No me costó mucho trabajo hacerlo feliz con mis entregas mensuales. Avanzaba rápido y preciso. Estoy seguro que hacíamos muy buen equipo de trabajo: Yo obedecía y él calificaba. Yo investigaba y él decía donde. Él proponía y yo acataba. Yo proponía y él rechazaba. Él fruncía el ceño y yo me acordaba del desayuno. Yo me acordaba de Nuria y él subrayaba ortografía. Él fumaba (y seguramente pensaba en su Nuria) y yo le exponía mis dudas. ¡Una sublime sinergia!

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Por eso, cuando se hizo la revisión final, quedamos los dos muy contentos. ¡Era una muy buena tesis de Licenciatura en Historia!

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Tuve toda la noche para entregar la dedicatoria y cerrar la impresión de la tesis. Fue una noche muy larga pero de las más seductoras que tuve en mi carrera.

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¿A quién y cómo le dedicaría mi tesis? ¿La investigación final de toda la carrera?

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Recorrí cada clase, cada materia, cada maestro y amigo. El olor de los salones en la mañana me golpeó el alma. La luz que entraba por las enormes ventanas y los árboles que se asomaban por lo alto.

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Los libros, cuadernos, risas, exámenes…

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Me alejé de todo ello con una cariñosa libertad que nunca antes había sentido. Sin pensarlo o sin decidirlo, tomé una distancia sensible con todas aquellas cosas que construían mi vida, mi persona. Nada importaba tanto como antes. Inesperadamente las cosas dejaron de totalizar, de importar, de girar en torno a un sol que las conserva cerca e iluminadas.

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Justo cuando separé los afectos de mi alma éstos empezaron a ser interesantes. Quedarme con sólo mis emociones era sentirme tan liviano y capaz de elevarme.

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Pero, ¿qué recogía yo? ¿A qué podía aferrarme para no perderme entre nubes?

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Miré por encima de la mesa donde estaban apiladas mis palabras, mis creencias, mis ideas, mis proyectos. Todo lo veía empolvado y rancio. Como si nadie hubiera trabajado ahí por años.

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Cuando el carpintero muere, la madera entristece y agoniza.

Y yo no quería dejar de tallar la madera. Necesitaba simplemente una abundante razón para levantarme y esculpir.

Con el alma vacía de aserrín, podía bien empezar ya a elegir la madera.

Así fue como decidí escribir mi dedicatoria. Era ella un resumen de costumbres y ahora un prólogo a la vida.

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En cuanto me aferre de nuevo a algo, será tal vez ocasión de buscar una nueva dedicatoria. No quiero que nada perezca en mi taller.

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Le entregué la tesis a mi tío y me fui.

Busqué nuevas escuelas.

Encontré una anclada al muelle, en Manzanillo. Iba a Japón.

Me contrataron y subí.

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Estaba emocionado pues era el primer día de clases en la carrera que había por fin elegido con plena conciencia.

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El salón era enorme, casi del tamaño del Mundo…

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3 comments until now

  1. Very interesting post. Keep writing dude !!

  2. …I must tell you, that this story changed my way of thinking…
    this was the first story you gave us, and i still remember the definition of katharsis ^-^
    Since that day… i’m having lots… -.-
    maybe it’s your fault, but… i’m pretty glad that Mateo Baumag is in my life… Nothing is written!… but when you write, is not only ink, paper and words….
    you make people change… when they know what to listen…
    or to read….
    Thankyou for everything!…. ^-^… and send me some more stories, please ^^

  3. Very interesting info, i’m waiting for more ! Keep updating your site and you will have a lot o readers

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